Una boda a la Siciliana

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Marcello se despierta asustado por un aguacero torrencial, un clásico londinense, que sin anunciarse, golpea inclemente las ventanas de su habitación. El otro lado de la cama está vacío, sin Giada, tal como Marcello lo había visto unos segundos antes en sus sueños. De un salto echa a volar las cuatro capas de cobijas y su pánico se desvanece rápidamente cuando encuentra a Giada, desvelada en el comedor con un trago de grappa entre manos. De repente, las preguntas que habían navegado entre eternas conversaciones se desvanecen, y sin dudarlo ni un segundo, tras la propuesta viene el sí rotundo de la futura novia. Ahora comienza la verdadera aventura.

Marcello, oriundo de Ribera al sur occidente de Sicilia (la tierra con la mejor producción de naranjas de toda Italia), insiste en que la boda debe celebrarse en su tierra, como Dios manda. Giada conociendo las bondades del sol y las paradisiacas playas sicilianas, no hace mucha fuerza por imponer los parajes montañosos de su tierra lombarda al norte de Italia.

Foto por LuisBarreto

Foto por LuisBarreto

Sicilia es la más grande de las islas en el mediterráneo. Abundan las calles perfumadas de jazmín y romero, y las llanuras sin fin, cubiertas de olivos y viñas. Las mejores temporadas para visitarla son primavera y otoño, cuando el clima es ideal para disfrutar de sus playas y a la vez conocer las joyas que tiene para ofrecer, como el valle de los templos de Agrigento, el anfiteatro griego de Siracusa y Taormina, el pueblo medieval de Erice, las salinas de Trapani, la zona volcánica que incluye el Etna y la isla volcánica de Stromboli (cada noche se pueden ver pequeñas erupciones). En cambio, el verano hace sudar hasta las piedras y los precios se suelen disparar.

Los sicilianos son muy apegados a sus tradiciones, por ejemplo en algunos pueblos se tiene la costumbre de considerar que la boda comienza cuando la mamma elige a la esposa de su hijo. De madrugada, la futura suegra deja un cepillo de pelo en la puerta de la casa de la futura nuera. Si la chica lo recoge, se recibe a la suegra al mediodía en casa con comida y agasajos, y entonces la suegra despeina a la futura nuera. Luego, la vuelve a peinar con una trenza que entreteje con un listón especial que la futura novia no se debe quitar hasta la ceremonia religiosa y que indica a todo el pueblo que ya está comprometida.

Por suerte otras costumbres se han desvanecido más rápido, como la tradición de la sábana, según la cual, justo después de la boda, toda la familia esperaba bajo la ventana de la casa de la novia a que se consumara el matrimonio. Los novios debían extender la sábana manchada, ratificando la castidad y pureza de la novia, y las familias celebraban.

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Foto Luis Marín

La reserva de la basílica de Sciacca para el matrimonio de Marcello y Giada se debe realizar con un poco más de un año de anticipación y sobre todo, la intercesión activa de la mamma. Resulta tan evidente la popularidad de Sicilia como escenario de bodas, que los novios se ven obligados a realizar la boda un lunes. El escenario que el destino (la novia) había escogido para realizar la recepción, está reservado todos los fines de semana por los próximos dos años.

Negociar la lista de invitados con la mamma, recortando los 100 invitados que los novios no han visto jamás en su vida, al igual que escoger el menú (buffet de entradas, vinos, dos primeros y dos

segundos platos, buffet de postres, la torta oficial del matrimonio y pequeños tragos de digestivos alcohólicos para darle un empujón al proceso) es toda una empresa donde es casi imposible llegar a un consenso familiar. Históricamente en Sicilia todo ha girado alrededor de la comida y la bebida. No en vano, en tiempos de ocupación griega en el siglo VIII a.C., el gran filósofo Empedocles acuño la frase “vivir como si no hubiera un mañana”. Y no es de sorprenderse que en una tierra donde se han encontrado registros arqueológicos de edificaciones humanas cercanos al año 12.000 AC, la gastronomía local este altamente influenciada por las grandes civilizaciones que han circulado: fenicios, griegos, romanos, españoles, normandos y hasta árabes. Estos últimos ocuparon la isla durante más de dos siglos hasta finales del siglo once, dejando una huella tan clara, que hay una serie de platos tradicionales a base de cous cous, fusionados hoy en día con exquisiteces como el pez espada y el atún fresco, ambos muy típicos en la isla. De hecho, se realiza el cous cous fest en San Vito lo Capo a finales de Septiembre cada año. Para dar más atmósfera a una cena con cous cous, es posible escuchar cánticos árabes en algunos puntos al sur de la isla, ya que por la cercanía geográfica a África se pueden sintonizar, fácilmente, emisoras Tunecinas como KnOOz FM.

Después de más de un año de planificación, finalmente viene la llegada de la familia de la novia y los amigos. Es de paso obligado visitar las panaderías artesanales que inundan de aromas frescos todas las ciudades y pueblos en Sicilia. Una tradición tan milenaria de producción y elaboración de productos de trigo, que el mismo Homero describió en la Odisea “Sicilia donde el grano crece espontáneamente”. Es especialmente famoso el grano duro, que da lugar a texturas más tupidas, una pastelería más densa, y es sin duda la esencia de la buena pizza italiana. Para el postre, no se puede partir de Sicilia sin refrescar una velada con una famosa granita Siciliana, granizado artesanal a base de fruta fresca típica de la región (melocotón, pistachos, limón, etc.) y un cannolo, pasta frita en forma de tubo rellena típicamente de queso ricotta.

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Foto Luis Marín

La noche anterior a la boda, los invitados más jóvenes suelen ir a cenar una clásica pizza. En las trattorias, restaurantes tradicionales, es posible encontrar mas de 30 variedades. Desafortunadamente tanto la hawaiana, como la de pollo con champiñones se consideran un sacrilegio. Si los italianos son mundialmente reconocidos por cuanto gesticulan al hablar, donde más que las palabras dicen las manos, tras unas pizzas (unas porque las cantidades en Sicilia son realmente desproporcionadas) y unas cervezas, los gestos se convierten en brazadas y las palabras dan paso a los gritos. Es entonces la hora de llevar la serenata a la novia, una noche de música típica cantada en dialecto siciliano, al son de la flauta y bañada de vino espumante.

El día de la boda, en la tierra del diseñador Domenico Dolce (Dolce & Gabbana), se respira elegancia. Marcello espera en el altar la entrada triunfal de la futura novia. Los flashes de las cámaras retumban y finamente el cura llena la iglesia con su voz. La misa transcurre, y tal vez sea por lo melódico del italiano, pero el padre nuestro tiene un efecto particularmente sublime. Los novios leen sus votos, se realiza la ofrenda de flores a la virgen del socorro, y el cura cierra la misa diciendo, “que sean bendecidos con muchos hijos, y que uno de ellos se vuelva sacerdote. Amén

boda-en-italia-siciliaBIOGRAFÍA

Soy un Ibaguereño con la oportunidad de vivir en la maravillosa ciudad de Barcelona desde hace 6 años. Formalmente hablando, he trabajado en consultoría estratégica de negocios en Latinoamérica y Europa, especializándome en el sector farmaceútico, pero sobre todo, soy un gran apasionado de buscar intercambios culturales en cualquier rincón que se atraviese. Hace poco descubrí que mi abuelo paterno fue un filósofo liberal, que plasmaba sus ideas revolucionarias en periódicos Colombianos bajo el seudónimo de Martin Fierro. Y esa especie de deuda familiar, sumado al instinto natural de un buen lector, han comenzado a incubar este deseo de contar historias, y como temática para comenzar, ¿qué alimenta más el espíritu que rodar por el mundo?